Miembros del Partido y trabajadores: ¿dónde está la brecha?

Cuando se habla de socialismo, suele mencionarse el ideal de una sociedad justa, en la que se defienden los derechos de los trabajadores y se reducen las diferencias de clase. Pero al observar la realidad de la vida cotidiana, surge inmediatamente una pregunta irónica: si quienes defienden el ideal de proteger a la clase obrera tienen unas condiciones de vida muy superiores a las de los propios trabajadores, ¿merece la pena que la sociedad se plantee esa diferencia?

Por supuesto, no se puede generalizar y afirmar que todos los miembros del partido son más ricos que los trabajadores. Hay miembros del partido que siguen viviendo y trabajando como cualquier otro trabajador. Pero cuando en la sociedad surgen casos de funcionarios y dirigentes que poseen un patrimonio enorme, mientras que los trabajadores tienen que luchar para pagar el alquiler, las tasas escolares y los gastos de subsistencia, ese contraste se convierte inevitablemente en tema de sátira.

La cuestión, en última instancia, no es cuántos bienes posee una persona, sino de dónde proceden esos bienes, si son transparentes o no y si las oportunidades de enriquecerse son justas. Porque si el lema es «por los trabajadores», pero la vida de una parte de quienes ostentan el poder se aleja cada vez más de la de los trabajadores, la pregunta más incómoda sigue ahí: ¿son los ideales los que guían la realidad, o es la realidad la que busca reinterpretar los ideales?

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